transición demografica y envejecimiento poblacional
TRANSICION
DEMOGRAFICA Y ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL
Se entiende por transición demográfica a el proceso de
cambio que parte de una mortalidad y una fecundidad elevadas, a niveles
llamados “naturales”, es decir sin control directo sobre los fenómenos, pasando
a un régimen de mortalidad y fecundidad reducidas, en donde se limitan
eficientemente tanto las defunciones como los nacimientos. Este proceso
demográfico varía considerablemente en el tiempo y en el espacio.
Alphonse Landry, uno de los fundadores del pensamiento
demográfico en la década de 1930, bautizo “revolución demográfica” a ese
proceso de modernización en los fenómenos de población. La larga reflexión
sobre sus causas y modalidades lo llevo a la elaboración de la teoría de la
transición demográfica, que define el paso de la mortalidad y fecundidad
elevadas hacia su reducción como un proceso universal.
Los adelantos técnicos en materia de lucha contra la muerte
y de concepción son muy diferentes hoy en día, lo mismo que las variables
económicas, las estructuras sociales y los valores culturales que explican los
cambios.
La transición demográfica en México empezó a finales del
siglo XIX, con la baja de la mortalidad. La vida media era apenas de 24 años en
1895. Las aceleradas reducciones de la mortalidad, a partir de 1930,
permitieron llevar a cabo, en menos de medio siglo, reducciones similares a las
que tardaron 200 años en Europa en cumplirse (1750 a 1950).
Desde una perspectiva económica y social, el siglo XX en
México se puede dividir en dos grandes periodos: el primero abarca hasta los años
veinte, años de trastornos, revolución y crisis económica y política; el
segundo, que comienza en la década de 1930, es una época de reconstrucción,
crecimiento económico y proceso social. Los fenómenos demográficos, acusan el
cambio; así, la mortalidad disminuyo rápidamente cuando se consolidaron las
instituciones políticas y el retorno a la paz civil.
Como consecuencia de la reducción de la mortalidad, no solo
se mantuvo la fecundidad a nivel elevado, sino que aumento todavía más. Cuando
por fin la fecundidad bajo, a finales de la década de 1960, lo hizo tan
rápidamente que en solo 20 años (1967-1986) la tasa global paso de 7.5 a 3.8
hijos por mujer.
Un detonador común a todos los procesos de transición
demográfica, ya que estos se inician siempre con una disminución en la
mortalidad. En México, como en todos lados, se empezó a romper el equilibrio
demográfico y tradicional a partir de un crecimiento lento, con fuerte
mortalidad y elevada natalidad, hacia un crecimiento explosivo, con una
reducción pronunciada de la mortalidad y un argumento de la fecundidad.
En el siglo XX, los niveles de mortalidad se modificaron
profundamente. La esperanza de vida a principios de siglo era muy reducida: 24.4
años en 1895, 25.3 años en 1900, 27.6 años en 1910, según estimaciones basadas
en datos censales.
La mortalidad de ese periodo es un resultado de la fuerte
incidencia de enfermedades infecciosas, en contra de las cuales se estaba sin
defensas a finales del siglo XIX. Esto se agravaba en las zonas de trópico a
causa de las enfermedades tropicales endémicas, y el paludismo causaba los
mayores estragos. Además, brotes epidemiológicos de viruela, tifo, peste, cólera,
fiebre amarilla y gripe española azotaron la región a lo largo del siglo XIX,
en contexto de crisis económica, de inestabilidad política y de guerras
devastadoras.
La esperanza de vida aumentó rápida y regularmente, 5 años
entre 1930-1940, 8.8 entre 1940-1950 y 10.4 años entre 1950-1960.
ESPERANZA DE VIDA EN AÑOS CENSALES, 1895-1980
AÑO
|
HOMBRES
|
MUJERES
|
AMBOS
SEXOS
|
INCREMENTO
ANUAL (%)
|
1895
|
|
|
24.4
|
0.7
|
1900
|
|
|
25.3
|
0.9
|
1910
|
|
|
27.6
|
|
1930
|
|
|
33.9
|
|
1940
|
|
|
38.8
|
|
1950
|
|
|
47.6
|
|
1960
|
|
|
58.0
|
|
1970
|
|
63.1
|
61.0
|
|
Iota
|
|
|
66.3
|
|
FUENTES: 1895-1960, ARRIAGA, 1968; 1970-1980, CAMPOSORTEGA,
1988.
La medicina moderna y los programas de salud pública
empezaron a cobrar eficacia gracias a los descubrimientos científicos más
modernos, que se difundieron inmediatamente en América Latina. Se organizaron
campañas de vacunación, de higiene publica, de prevención de enfermedades infecciosas,
de erradicación del paludismo y de la tuberculosis. Se construyeron redes de
agua potable y de alcantarillado, centros de salud, clínicas, dispensarios y
hospitales.
Los cambios de mortalidad, las tasas de natalidad y las
globales de fecundidad registraron variaciones importantes: una notable reducción
de los nacimientos durante la revolución mexicana. Las variaciones de nacimientos.
La reducción de la mortalidad tuvo efectos en los indicadores de fecundidad: hizo
que bajara la tasa bruta de natalidad, mientras aumentaba la tasa global de
fecundidad.
Una consecuencia importante de la reducción de la
mortalidad provoca un rejuvenecimiento de la estructura por edades de la población,
por medio de una mayor sobrevivencia en la niñez.
Las
consecuencias de ese pasado demográfico todavía son evidentes en la actualidad,
pero lo serán aún más en los próximos años, cuando el proceso de envejecimiento
se agudice, el origen demográfico del proceso de envejecimiento en México cómo
los cambios en la fecundidad, la mortalidad y la migración del pasado y del
futuro han contribuido y contribuirán a la formación del envejecimiento.
La transición demográfica al
paso de altos niveles de natalidad y de mortalidad sin control. La fase pre
transicional es evidente el irregular comportamiento demográfico derivado de la
lucha armada de la Revolución Mexicana (1910-1921), provocando incluso que el
número de habitantes del país se redujera.
La
primera etapa de la transición demográfica, caracterizada por tasas de
mortalidad en rápido descenso y tasas de natalidad relativamente constantes e
incluso ascendentes entre 1945 y 1960. La segunda fase puede ubicarse a partir
de 1970, cuando el descenso de la fecundidad se acentuó, habiendo empezado en
los años sesenta. La tercera etapa del proceso —cuando los niveles de natalidad
y mortalidad convergen— tendrá lugar durante la primera mitad del presente
siglo.
Después
de la Revolución Mexicana aumentó Como consecuencia del declive de la
fecundidad, la dinámica demográfica empezó a disminuir su velocidad.
Después
de un largo proceso de transformación demográfica, la población mexicana
ingresó al nuevo milenio con una tasa de crecimiento natural semejante a la
observada cien años atrás, pero con un tamaño siete veces mayor.
Una
rápida y sostenida disminución de la mortalidad tuvo lugar desde los años
veinte —en un ambiente de profundas reformas económicas, políticas y sociales.
El incremento más impresionante tuvo lugar de 1942 a 1960, con un aumento de
casi un año de vida media (0.95) por cada año calendario El incremento más
impresionante tuvo lugar de 1942 a 1960, con un aumento de casi un año de vida
media (0.95) por cada año calendario. La caída de la mortalidad general ha sido
de tal magnitud que la reducción global del riesgo de fallecer, acumulada de
1921 a 2000. Como en muchos otros países, la mortalidad mexicana descendió
despacio durante los años sesenta y por ende las ganancias en la vida media
fueron pequeñas. Después se recuperó el ritmo de descenso.

La
expansión de los servicios educativos y de infraestructura sanitaria se
encuentra entre los principales determinantes del fuerte descenso de la
mortalidad, así como la extensión de los servicios de salud, notoria desde la
creación del Instituto de Mexicano de Seguro social (IMSS) en 1942 y la
transformación del Departamento de Salud en la Secretaría de Salud en 1943.
La
esperanza de vida aumentaría de 74.0 años en 2000, finalmente, a 81.3 años en
2050, es decir, que la vida media en México al final de la proyección será
similar a la observada recientemente en Japón, el país que registra el nivel
más bajo de mortalidad en la actualidad en el mundo.
Los
incrementos previstos para la esperanza de vida pudieran ser relativamente
conservadores, dado que la estimación de reducción global del riesgo de morir
es de 44 por ciento para el periodo del año 2000 al 2050
Recordemos que, al principio
del siglo XX, las parejas procreaban alrededor de seis niños a lo largo de su
vida fértil alcanzando un máximo de 7.2 niños a inicios de los años sesenta. La
gradual difusión de las prácticas de planificación familiar, dentro de una
nueva política que buscaba regular el crecimiento demográfico, contribuyó a
impulsar la transición de la fecundidad en el país.
La
experiencia mexicana, así como la de otros países, muestra que una vez que la
transición de la fecundidad empieza, el ritmo de declive se acelera, pero
conforme avanza las reducciones adicionales por año son cada vez menores. El
aumento necesario en el uso de métodos anticonceptivos es factible, ya que
México cuenta con un programa de planificación familiar sólido y consolidado
que busca minimizar la demanda insatisfecha del uso de métodos anticonceptivos.
Teniendo
en mente las metas de fecundidad y prevalencia del uso de anticonceptivos
asumidas por el gobierno mexicano, y el mínimo de 1.85 niños por mujer sugerido
por un grupo de expertos convocado por las Naciones Unidas
Si las tasas de fecundidad,
mortalidad y migración previstas para 2050 se mantuvieran constantes, la tasa
intrínseca de crecimiento de la población estable.
Las
diferentes fases de la transición demográfica han quedado impresas en la
estructura por edad de la población mexicana, como podemos ver en la sucesión
de pirámides de edades en la gráfica
5. La
conjunción de una mortalidad descendente y una fecundidad alta y ascendente
causó un rápido rejuvenecimiento entre 1930 y 1970; la franca disminución de la
fecundidad en los siguientes treinta
años propició una
reducción progresiva de la base de la pirámide.
Las proyecciones demográficas
indican que este proceso se recrudecerá en las próximas cinco décadas. La
contracción de la pirámide será cada vez más notoria, no sólo en términos
relativos, sino incluso en absolutos, y la inercia del rápido crecimiento del
pasado se hará evidente en la senectud (60 años o más) conforme avance el
presente siglo.
La contribución del cambio demográfico al crecimiento de
los adultos mayores
El
envejecimiento de la población mexicana, iniciado hace ya algunos años, se
acelerará significativamente en el presente siglo. En 2000, las personas de 60
años o más representaban 6.8 por ciento de la población total del país y se
espera serán 28.0 por ciento en 2050. De acuerdo con la revisión de 2002 de las
estimaciones y proyecciones de la División de Población de las Naciones Unidas,
la proporción de población envejecida para las regiones más desarrolladas del
mundo habría aumentado de 11.7 por ciento en 1950 a 32.3 por ciento en 2050.
Así, el proceso que a los países más desarrollados les consumirá un siglo, a
México le tomará la mitad del tiempo.
El proceso de envejecimiento
se puede ver de manera más precisa mediante el cambio global de la población
por sexo y edad, como se muestra en las pirámides de edades superpuestas de la gráfica 6, que corresponden a los momentos extremos
de la proyección.
La
contribución del cambio de cada fenómeno demográfico al proceso de
envejecimiento es más clara si separamos las tendencias de la natalidad, la
mortalidad y la migración en tres periodos que corresponden aproximadamente a
las etapas de la transición demográfica de México: el rápido crecimiento
demográfico (hasta 1969); el descenso de la fecundidad (1970-1999) y la
convergencia de los fenómenos (2000-2050).
El aporte de cada uno de los
fenómenos demográficos al crecimiento de la población se descompone en los tres
periodos.
La contribución de la
fecundidad y la mortalidad al crecimiento de los adultos mayores, entre inicios
de 2000 y de 2051, es positiva en las tres etapas de la transición demográfica.
La contribución de la fecundidad y la
mortalidad al crecimiento de los adultos mayores, entre inicios de 2000 y de
2051, es positiva en las tres etapas de la transición demográfica, se advierte
que el aporte de la natalidad transita de positivo a negativo a partir de 1970.
consecuencia directa del notable descenso de la fecundidad y, por ende, de la
progresiva contracción de la pirámide de edades por debajo de 60 años.
el
impacto de la política pro natalista —que equivale a más de 40 millones de
mexicanos— prevalecerá hasta mediados del presente siglo; sin embargo, se verá
reducido a poco más de 33 millones, debido a que los logros en materia de salud
general desde 1970.) compensarán, en buena medida, el avance de los programas
de planificación familiar en la segunda y tercera fases de la transición
demográfica.
La
alta fecundidad del pasado (1890-1969) contribuirá con 61.8 por ciento al
crecimiento proyectado del número de adultos mayores de 2000 a 2050. Esta
aportación se neutraliza en el aumento total de la población con la reducción
de 18.4 millones de personas de 0 a 59 años de edad, debida a la fecundidad por
debajo del reemplazo durante la mayor parte de la primera mitad de este siglo.
El comportamiento del aporte
de la migración internacional pudiera parecer contradictorio, dado que uno
esperaría que siguiera siendo negativo —como el procedente del siglo XX—y no
positivo. Esto se debe a que, en las proyecciones oficiales vigentes, se supone
que las tasas de migración hacia Estados Unidos y de retomo a México,
observadas en 1995-2000, permanecerán invariables a lo largo de la proyección.
http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/AX7LXRSYIA2CHVPA7RX1MCEK6EMP41.pdf